SATOSHI KON: UN GENIO MÁS ALLÁ DE LA REALIDAD.

El 24 de mayo de 2010 abandonaba este mundo, con tan solo 46 años, Satoshi Kon, una de las mentes más brillantes, originales e icónicas de la historia de la animación japonesa. Kon creó en su corta pero intensa carrera mundos a medio camino entre la fantasía y la realidad, y personajes igualmente heterogéneos capaces de mostrar lo mejor y lo peor de la humanidad. Pero un terrible cáncer de páncreas nos arrebató su talento para siempre, impidiéndonos comprobar cómo se habría desarrollado su carrera en los años venideros o si habría llegado a superar a sus propios maestros y referentes a través de la misma regular estela que había desarrollado en su edad dorada como director, la década de los 2000.

Para entender su grandeza artística hay que retroceder hasta sus inicios en el complejo y competitivo mundo del manga, cuando un joven Kon dio sus primeros pasos como artista del cómic con obras como Regreso Al Mar, Opus o World Apartment Horror, que deben entenderse en un contexto histórico muy particular. La concepción del anime en los años 80 como un subgénero menor dentro del cine y el arte, dirigido exclusivamente al público infantil, dio un giro radical de cambio de mentalidad en el gran público gracias a varias producciones modernas de carácter adulto, muy especialmente Akira (de Katsuhiro Otomo, mentor de Kon). Fue justamente en los 90 cuando figuras como Otomo, Oshii o Miyazaki enterraron esos prejuicios y se dedicaron a patrocinar y formar a nuevas figuras como Koji Morimoto, Yoshifumi Kondo (fallecido en 1998), o el propio Kon, que logró hacerse un hueco destacado por derecho propio.

Seraphim 266613336 Wings y Regreso Al Mar son dos de los mangas más célebres de Satoshi Kon.

Su paso por los proyectos fílmicos y gráficos de Otomo es una etapa clave de su posterior carrera como cineasta de autor. A través de su guion en World Apartment Horror, y su dirección de arte en Roujin Z y el famoso segmento Rosa Magnética de la película colectiva Memories, hicieron brillar su talento fuertemente influenciado por los libros de Philip K. Dick y las películas surrealistas de David Lynch y Terry Gilliam. Curiosamente, al igual que Hayao Miyazaki, Kon nunca sintió una especial predilección por la cultura japonesa y prefería a autores extranjeros, aunque más tarde no pudo resistir rendir tributo en su obra a Kurosawa.

Cartel original de Memories (1995)

Fue sobre todo a partir de Memories cuando se puso de manifiesto que toda labor de Kon en el cine hacía trascender la mera adaptación para ofrecer un relato más complejo, aportando ideas propias y jugando con el difuminado de la realidad y el sueño, algo que se ve evidente en la deconstrucción del tópico terrorífico de la mansión encantada (común en la fantasía) exportándolo a una nave espacial (común en la ciencia-ficción) y mezclando la atmósfera romántica y gótica con la música operística y el terror psicológico al vacío en el espacio exterior. Rosa Magnética dejó satisfecho al público y la crítica, y Otomo finalmente apoyó y apadrinó su debut como director con la que sería su primera película de autor: Perfect Blue (1997).

Perfect Blue, probablemente su mejor y más adulto film como director,  inició su incesante carrera (que nunca abandonó hasta su muerte) dentro del estudio Madhouse bajo la tutela de Masao Murayama. La película es un brillante thriller psicológico que muestra el deterioro y pérdida de identidad y cordura de Mima Kirigoe (una cantante idol que quiere ser actriz) debido a la furia de un fanático que desata una serie de asesinatos a su alrededor con la esperanza de recuperar la inocencia de su ídolo, criticando con el tópico de las idol la frívola e inmisericorde sociedad de consumo y deconstrucción posmoderna del Japón contemporáneo, una temática que desarrollaría en casi todos sus siguientes proyectos. No obstante, Kon afirmaba que tan solo pretendía mostrar el proceso de madurez de una joven.

Cartel original de Millennium Actress (2001)

Su siguiente film (también protagonizado por una actriz) llegaría 4 años después: Millennium Actress. Una historia romántica y emotiva que homenajea el cine japonés (mostrando guiños obvios a cintas míticas como Trono De Sangre, Godzilla o Rashomon) en paralelo a la longeva historia de una actriz llamada Chiyoko, que desde su niñez hasta su vejez ansía reencontrarse con su amor platónico con una pequeña llave como única brújula en sus múltiples travesías en la vida. Travesías en las que se narran eventos importantes de la historia del Japón del siglo XX (como el gran terremoto de Kanto, o la invasión de Manchuria) haciendo a Chiyoko partícipe y protagonista de algunos de estos de una forma similar al film Novecento de Bertolucci, pero siempre como excusa para homenajear de forma cariñosa al verdadero protagonista del film: el propio cine. La cinta ha sido numerosas veces comparada con Cinema Paradiso y Mishima: Una Vida En Cuatro Capítulos.

Debido a la similitud temática de sus dos films, Kon decidió en 2003 para su tercera película cambiar completamente el registro con la que para muchos es la cinta más diferente al resto de su obra: Tokyo Godfathers. Una tragicomedia social en clave de fábula navideña sobre tres indigentes tokiotas (un hombre maduro alcohólico, una mujer transgénero, y una adolescente fugitiva) que en Nochebuena encuentran un bebé abandonado en la basura y deciden buscar a su familia en un tortuoso camino de coincidencias. La cinta está inspirada en el clásico western Los Tres Padrinos de John Ford, pero destaca su valentía al mostrarnos un Japón real muy inusual de ver en el anime. No muestra el Japón idealizado de postales, alta tecnología y gran poder adquisitivo, sino el de personajes fuera del núcleo urbano que son rechazados por la sociedad. Es probablemente el film más desenfadado de Kon, aunque también uno de los más humanos y enternecedores.

Un año después se estrenó en TV la única serie dirigida y escrita por Kon, Paranoia Agent. Nuevamente resurge la distorsión de la fantasía y la realidad, esta vez a través de varias historias que giran en torno a los misteriosos ataques de un vándalo conocido como “el chico del bate”. 13 capítulos casi independientes que sirvieron a Kon como excusa para ser más flexible y realizar instantáneamente las ideas fugaces que cruzaran su mente y que no pudieron plasmarse en sus films. Hizo nuevamente hincapié, como en Perfect Blue, a la denuncia de los problemas sociales de Japón, principalmente derivados de la falta total de comunicación, algo que ya se muestra en la primera escena del primer capítulo con los metros y calles abarrotadas de gente absorta en sus teléfonos móviles sin contacto unos con otros.

Por cierto: ¿recordáis su famoso e inquietante opening, cuya canción se queda pegada en la cabeza durante horas?

En 2006 estrena su última película en vida, la multipremiada Paprika, un auténtico festival de colorido surrealista en clave de ciencia-ficción basado en la novela homónima de Yasutaka Tsutsui. El film trata sobre la invención de un artefacto tecnológico llamado Mini DC, capaz de leer y permitir introducirse en los sueños de las personas mejorando la detección, análisis y solución de problemas psicológicos. Un dispositivo digital que es utilizado con fines malévolos tras haber sido robado tres prototipos, y que la carismática protagonista (la doctora Atsuko Chiba y su alter-ego Paprika) intentará parar antes de que destruya la difusa línea entre el mundo real y el de los sueños. La doctora Chiba, al tiempo que trata al detective Toshimi (víctima de un sueño recurrente relacionado con uno de sus casos policiales que le produce gran ansiedad), deberá deshacer el embrollo del Mini DC junto a su creador, el doctor Tokita, e investigar a toda prisa a través de paisajes, situaciones surrealistas y cabalgatas de fantasía que van poco a poco adueñándose de las mentes y el mundo real.

Tras el éxito de Paprika, Kon dirigió en 2008 Ohayo, un breve segmento de la serie de cortos de 1 minuto para TV Ani*Kuri15 junto a otros directores de renombre en la animación japonesa. También comenzó a desarrollar la que iba a ser su siguiente película, Dreaming Machine, una road-movie para todos los públicos protagonizada por robots que recuerda ligeramente a la adaptación de Metrópolis de Osamu Tezuka que Rintaro dirigió en 2001.

Pero la producción se detuvo por la inesperada y triste muerte de Kon en 2010, no sin antes plasmar en una última emotiva carta de despedida al mundo su deseo de que Dreaming Machine fuera retomada y terminada a título póstumo. A día de hoy solo han sido animados 600 cortes de los 1500 planificados por Kon bajo sus directrices antes de morir, de modo que permanece aún inédita e inacabada, no porque Madhouse no haya querido invertir dinero, sino porque ningún director parece estar a la altura de las expectativas de Masao Maruyama para retomarlo. No se supo nada de Dreaming Machine desde 2012, hasta que en una entrevista en 2017, Maruyama confirmó que la película ha sido cancelada. En Agosto de 2018, Maruyama anunció en el Festival Internacional de Animación de Hiroshima que está escribiendo el guion para una adaptación a anime de Opus, uno de los mangas que Kon realizó antes de dirigir Perfect Blue.

El final de la vida y obra de Kon coincidió con un inesperado auge de nuevas promesas en el cine animado japonés, una nueva generación de autores cultivados como animadores y guionistas en estudios como Ghibli, Shin-Ei, Production I.G. o Madhouse, de los que en la última década han destacado especialmente Mamoru Hosoda, Keiichi Hara y Makoto Shinkai. De entre todos ellos, Kon destacó por crear un cine críptico y a la vez generoso, que habla sobre sus personajes, pero que al mismo tiempo permite no solo verlos sino también entenderlos y juzgarlos. Un cine que no se limita a contar una historia sino que exige al espectador siempre el reto de intentar ver más allá.

Al mismo tiempo, Kon supo aunar toda clase de narrativas y géneros. Terror, romance, acción, fantasía, costumbrismo, ciencia ficción, drama, comedia, thriller, erotismo y crítica social se dieron la mano en sus pocos pero magníficos proyectos. Fue un gran cineasta que supo alejarse de la sombra de sus mentores y crear un cine con identidad propia. 9 años después, la ausencia de Kon no debe significar tanto una pérdida sino una oportunidad para que, en honor a su legado, otros talentos emergentes broten en la industria, no copiando su estilo, sino inspirándose en la metodología de observación, reflexión y autoconfianza que logró plasmar en sus películas. Unas películas que nos confundían sin que supiéramos qué era realidad y qué era sueño, pero que siempre van a estar ahí para demostrarnos que nada es imposible.

Satoshi Kon (1997 – 2006) from Hello Wizard on Vimeo.

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