LOS MÁGICOS SUEÑOS DE LA BELLA DURMIENTE.

A juzgar por el análisis más reciente que se ha hecho sobre la obra animada de Walt Disney (muchas veces admirada y otras tantas veces criticada), cualquiera diría que en la casa del ratón se dedicaban casi exclusivamente a producir películas de princesas. Sin embargo, de la extensísima filmografía de su estudio mientras Walt vivía, solamente hubo tres princesas: Blancanieves, Cenicienta, y la que hoy nos ocupa, Aurora. Tardarían exactamente 30 años en volver a estrenar una película nueva protagonizada por una princesa, «La Sirenita«, una fórmula que, paradójicamente, se acabó usando más en los tiempos recientes del Renacimiento Disney que antaño en la época de los clásicos de la época dorada. Es más, la ahora extremadamente popular y rentable franquicia de las Princesas Disney también nació hace relativamente pocos años (en el 2000), no exenta de críticas.

A Disney, como la empresa de entretenimiento más grande, poderosa e influyente del mundo, se le exige unos mínimos de responsabilidad como referente cultural y moral para con su público. Al fin y al cabo, Mickey Mouse es seguramente uno de los primeros personajes que muchos niños ven al poco de nacer. No obstante, el propósito de las películas Disney no ha sido otro que el de entretener y hacer cine animado económicamente rentable pero de calidad. Los valores y los personajes cambian pero el espíritu de magia de Disney permanece inalterable, por lo que pienso que, tanto si eres fan como si nunca te ha gustado esta película, es de recibo celebrar las bodas de diamante de Aurora y Felipe: «La Bella Durmiente«, uno de los más célebres clásicos Disney (y también uno de los mejores en el apartado técnico y artístico) celebró el pasado mes de Enero, ¡su 60º aniversario! Se estrenó en EE.UU. el 28 de Enero de  1959.

La última película de Walt Disney (vivo) basada en un cuento de hadas fue también el primer largometraje animado rodado en formato Super Technirama 70 (una pantalla panorámica de gran formato incluso para los estándares actuales). Fue también el último largometraje de Disney entintado a mano antes de que se hiciera común el proceso de xerografiado dos años después con «101 Dálmatas» (una técnica que no abandonaron hasta «La Sirenita» en 1989).

«La Bella Durmiente» es una de las obras cumbre de la filmografía de Disney en muchos aspectos, y un prodigio de la animación tradicional: se necesitó casi toda la década de los 50 para completarla, ya que se empezó a trabajar con el guion en 1951, las voces se grabaron en 1952, la producción de la animación tuvo lugar entre 1953 y 1958, y la banda sonora en estéreo se grabó en 1957. Aunque su alargada producción no llega a los niveles de “Steamboy” de Katsuhiro Otomo (10 años), “The Thief And The Cobbler” de Richard Williams (31 años), o “Shinyel” de Yuri Norshtéin (38 años y sigue en desarrollo), siete años no son pocos para una producción de Disney.

La estética de la película, que Disney quería que fuese como un tapiz medieval en movimiento, no es la típica de otras películas de la compañía. En contra de la imagen artísticamente conservadora que se le suele atribuir al «rígido» estilo de Disney, esta película evita las formas suaves y redondeadas propias de muchas de las películas de la empresa para emplear un aspecto más estilizado, ligeramente parecida a la obra de los animadores de la UPA (en pleno auge por aquellos años). A pesar de que esta película se hizo realidad en gran parte por el éxito que tuvo «Cenicienta«, se decidió no repetir el estilo rococó de esta y optaron por una estética medieval y similar al art decó.

Uno de los aspectos más destacados del film, y por el cual sigue siendo muy recordado, es por el arte de sus fondos. Eyvind Earle fue el diseñador de producción, y Disney le concedió bastante libertad para el diseño de los escenarios, la selección de los colores para la película, y pintar la mayor parte de los fondos. Cada una de estas elaboradas pinturas le llevó entre siete y diez días, mucho más del día de trabajo que solía suponer la elaboración de un fondo en la mayoría de las películas de animación. Algunos de esos fondos llegaron a medir, ¡4’5 metros de largo!

Earle se inspiró parcialmente en las obra pictóricas de autores como Dürer, Bruegel, o Nicolaas Van Eyck, además de grabados japoneses y persas. La decisión de Disney de dar tanta libertad artística a Earle no fue popular entre los animadores del estudio, que hasta entonces habían ejercido gran influencia en el estilo de sus personajes y escenarios, y criticaron inicialmente los trabajos de Earle por ser demasiado «fríos» y «limitar a los personajes». Sin embargo, el artista de animación Tom Oreb logró con éxito incorporar hábilmente los fuertes planos horizontales y verticales de los fondos en el diseño del personaje, para que tuvieran el estilo Earle, de manera que se logró un equilibrio adecuado entre el diseño de personajes y de fondos.

Aunque el film está obviamente inspirado en el cuento de Charles Perrault, estuvo influenciada en todo momento por el famoso ballet de Tchaikovsky, hasta el punto de que su famoso vals se convierte en el leitmotiv de la película y hasta en una pieza musical clave con letra que estuvo nominada al Oscar. Aurora recibe así su nombre también de la protagonista del ballet, mientras que el príncipe fue bautizado con un nombre muy popular en ese momento (el del actualmente todavía rey consorte de Reino Unido, Felipe de Edimburgo). Aunque el príncipe Felipe no ha pasado a la historia como un personaje especialmente carismático de Disney, Milt Kahl lo recordó como un trabajo muy complicado: «Si hay algo que es realmente difícil de animar, es el héroe masculino. Es difícil hacerlo interesante y no hacer que se vea como Dick Tracy y Buck Rogers».

La silueta alta y esbelta de la princesa Aurora está basada en la de Audrey Hepburn, y para sus movimientos en pantalla se utilizó como modelo de referencia a la actriz Helene Stanley. Animarla y colorearla fue un trabajo extremadamente exhaustivo, especialmente en el fragmento de la película en el que está en el bosque bajo el pseudónimo de Briar Rose la campesina, la cual tomaba un día completo crear un dibujo animado a limpio. Aunque el personaje aparece apenas en 18 minutos de film, la actuación de voz de Mary Costa convirtió sus escasas apariciones en algo inolvidable. Aunque Costa se convirtió en una cantante de ópera de renombre mundial, sigue considerando su papel en «La Bella Durmiente» como el mayor orgullo de su carrera.

En cuanto a las tres hadas buenas, Flora, Fauna y Primavera, Disney deseaba en un principio que todas fueran parecidas, pero los veteranos animadores Frank Thomas y Ollie Johnston pensaron que era una idea mejor que tuvieran físicos y personalidades diferentes. La historia de cómo se inspiraron para crearlas es divertida: Thomas y Johnston estudiaron el acting de señoras mayores de la vida real en recepciones de boda y tiendas de ropa, muchas de ellas con sombreros aplastados sobre sus cabezas y movimientos muy vivaces allá a donde fueran. Las tres carismáticas hadas fueron tan buenos personajes que acabaron siendo prácticamente las protagonistas de la película.

Por otra parte, Maléfica (que posteriormente se ha convertido en una de las villanas más famosas de Disney) fue diseñada por Marc Davis, uno de los Nueve Ancianos del estudio. Para el diseño general, Davis se inspiró parcialmente en las alas de los murciélagos y en los cuernos de los demonios de la mitología medieval europea. El toque final lo puso una pintura religiosa checoslovaca que Davis encontró en un libro de arte de su colección particular. Esta pintura fue en la que se basaron para crear los característicos detalles flamígeros de su túnica (cuyo color rojo fue más tarde sustituido por lavanda). Merece la pena destacar el excelente trabajo de la actriz de voz Eleanor Audley, que no solo interpretó tras el atril a Maléfica, sino que también se puso la túnica negra y los cuernos y la interpretó en vivo para que sirviera de inspiración a los animadores. Teniendo en cuenta que previamente interpretó a Lady Tremaine (la madrastra de «Cenicienta«) estamos hablando de niveles de compromiso e interpretación sobresalientes.

En esta película trabajaron muchos de los mejores animadores estadounidenses de la época, incluyendo Chuck Jones y John Lounsbery. Como dato curioso, el asistente de animación de este último fue un por aquel entonces joven Don Bluth («La Bella Durmiente» fue su primer trabajo en Disney). Lounsbery y Don Bluth crearon la secuencia cómica de los reyes Huberto y Stefano cuando beben vino y cantan mientras el trovador se emborracha.

Algunos aspectos de la trama de esta película tienen su origen en ideas pensadas originalmente para «Blancanieves«, y que fueron descartadas: en concreto, la escena en que Maléfica secuestra al príncipe dentro de su propio castillo, o la arriesgada huida del mismo príncipe del castillo de Maléfica. No fueron utilizadas en «Blancanieves» porque Disney no creía que con los medios de que se disponía en la época pudieran desarrollarse de forma creíble.

Aunque hoy día cueste de creer, «La Bella Durmiente» fue un estreno desastroso a nivel de recaudación e incluso de crítica, y casi provocó la bancarrota del estudio. En cines solo recaudó la mitad de lo que había costado, y los críticos juzgaron duramente el pobre desarrollo de algunos de sus personajes y el ritmo lento de la trama. Desde entonces ha sido reestrenada en 1970, 1979 y 1986, con bastante mayor fortuna. A día de hoy su reputación en la historia de la animación es casi indiscutible y se ha convertido en una de las películas más aclamadas de Disney.

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