¿HAY FUTURO MÁS ALLÁ DEL 3D?

Desde que en 1934 Disney lanzó «Blancanieves Y Los Siete Enanitos«, el mundo de la animación ha sufrido muchísimos cambios. La compañía ya ha dejado atrás su edad dorada, en la que conformó su conocido catálogo de «Clásicos Disney», para luego pasar a competir por el máximo en audiencia con compañías más jóvenes.

Este tira y afloja entre lo que la industria ofrece y lo que el público demanda ha producido numerosas crisis de identidad en la animación de todo el mundo. Uno de los cambios más significativos es el progresivo paso de animar con técnicas bidimensionales (también llamada animación tradicional o 2D) a hacerlo con herramientas volumétricas (3D).

Este cambio, aunque parezca meramente estético, ha trastocado la industria entera, puesto que conlleva la necesidad de reformular la manera en la que se distribuyen todas y cada una de las fases previas al estreno de un producto animado (un cambio más enorme aún si tenemos en cuenta que, en términos generales, para una película en 3D se necesita de más mano de obra y recursos que para una en 2D).

Winnie The Pooh” (2011) puso el punto final a la animación tradicional en Disney, aunque esta es una muerte anunciada, ya que los estrenos de “Tiana Y El Sapo” (2009) y “Zafarrancho En El Rancho” (2004), ya habían dejado mucho que desear en cuanto a éxito en taquilla. Esto significa que han sido únicamente cuestión de 16 años que pasásemos de la primera película completamente animada en 3D, “Toy Story” (1995) al anuncio del cese en las producciones 2D del gigante Disney (a pesar de que John Lasseter, animador, director de cine y productor de Disney, hubiese prometido desde su llegada en 2006 una cierta continuidad del uso del 2D en sus películas).

En 2013 fueron despedidos los últimos animadores 2D de Walt Disney Animation Studios, pero no es la única productora en deshacerse de una plantilla tradicional. DreamWorks no ha vuelto a trabajar con esta técnica desde que “Sinbad: La Leyenda De Los Siete Mares” (2003) fuese un fracaso en taquillas, caso parecido al de los estudios Warner, que se despidieron del 2D con “Looney Tunes: De Nuevo En Acción”, sin buenos resultados.

Aún así, aunque esté sonando catastrofista no está todo perdido. El 2D continúa teniendo cabida en las pantallas de cine aunque, al igual que la sociedad, éste se ha de adaptar a su consumo. Una de sus principales ventajas es que continúa significando una producción más barata que la de cualquier producto en tres dimensiones, por lo que eso lo convierte en una herramienta perfecta para televisión. Series como “Los Simpson” (1989-Actualidad) “Hora De Aventuras” (2010-2018) o “Steven Universe” (2013-2019), con cientos de horas acumuladas, no serían posibles sin un método de trabajo ágil y dinámico como es la animación tradicional realizada por ordenador.

Otro reducto importante de animación 2D es sin duda Japón, en donde a duras penas se acepta incluir volumen a sus piezas. Compañías tan imponentes como el conocido Studio Ghibli han demostrado durante años, con obras como “Mi Vecino Totoro” (1988), que los espectadores ansiosos por sus obras se pueden contar por centenares. La película más célebre de dicho estudio, “El Viaje De Chihiro” (2001), fue durante diez años la película de habla no inglesa con mayor recaudación de la historia del cine (solo pudo superarla en 2011 la cinta francesa “Intocable”) y también el film japonés de mayor éxito (solo superado 15 años después por “Your Name” de Makoto Shinkai), y es ampliamente considerada por la prensa especializada como una de las mejores películas de la década de los 2000. Su éxito y culto en Japón es tal que logró incluso superar la taquilla de la película “Toy Story 3” de Pixar en su re-estreno en 2010, lo que demuestra que el éxito del 3D sobre el 2D no ha calado en Japón de la misma forma que en otras partes del mundo.

Similares éxitos se han ido repitiendo más allá de Ghibli, con películas de autores como Osamu Tezuka, Mamoru Oshii, Katsuhiro Otomo, Satoshi Kon, Mamoru Hosoda, Masaaki Yuasa o Makoto Shinkai. En Japón existe un tejido industrial muy importante, difícil de desmontar y por el que sienten gran respeto y veneración, lo cual asegura un largo futuro para esta técnica.

El anime se consume en Japón a diario, forma parte de la vida de gente con edades y gustos muy variados, y tal cual pasan los años parece que esta tendencia se va contagiando al resto del mundo, “Ataque A Los Titanes” (2014 – Actualidad), se considera ya por algunos como “El mejor anime de la historia”, y series del tamaño de “One Piece” o “Shin-Chan” forman parte del imaginario colectivo.

Otra gran esperanza la tenemos en Europa, en donde a pesar de que existe mucha más penetración del 3D que en Japón, aún se mantiene un gran gusto por la animación tradicional, como han dejado claras algunas películas nominadas a los Oscar como “Chico & Rita” (2012), “La Tortuga Roja” (2016), o “The Breadwiner” (2017).

Entre otros títulos que quieren resistir al avance del 3D tenemos la espectacular película dirigida por Sylvain Chomet “El Ilusionista” (2010), una coproducción Francia-Reino Unido que Django Films llevó a cines y que utiliza una habilidad para el dibujo envidiable para contarnos precisamente lo que estaba diciendo: la desaparición progresiva de un arte y la decadencia de quienes viven con el recuerdo de un pasado mejor.

El Ilusionista” trata sobre la vida de Jacques Tatischeff, un hombre que lleva su espectáculo de prestidigitación por antros con público escaso y escéptico, en un intento de hacer resurgir un gusto por un arte que ya está muerto. Le acompañará Alice, una joven huérfana que aún posee la capacidad de asombro habitual en una niña. Ella le cree todos sus trucos, y él, hará lo posible para que esto continúe así. Si quieres ver el trailer de la película, haz click aquí.

A finales de los años 50, una revolución sacude el statu quo de los music-hall: los espectáculos tradicionales protagonizados por acróbatas, malabaristas y ventrílocuos se consideran pasados de moda por el gran público, seducido por el carisma de las jóvenes estrellas de la música Rock.

En este marco, nuestro protagonista pertenece a una categoría de artistas en vías de desaparición. Cada vez le resulta más difícil conseguir firmar un contrato, por lo que se ve obligado a abandonar las grandes salas parisinas y a probar suerte presentando su número de magia bajando la categoría de los ambientes a los que va (fiestas al aire libre, cafés, fiestas…). 

Tatischeff quiere a Alice como a su hija, es la única persona que parece apreciar su arte, aun así y a pesar de los esfuerzos de Tatischeff, se revela la verdad más triste de la historia. “La magia no existe”, como dice su nota de despedida; es solo una ilusión irreal la que nos mantiene fascinados por un tiempo, que empieza cuando el ilusionista se sube al escenario, y termina cuando las luces del teatro se van apagando poco a poco. Y así termina ella, volcando su ilusión en otro hombre, alguien más joven, más atractivo y con quien cree que será más feliz.

Al ver esta película no puedo evitar compararla al panorama de la animación, puesto que es verdad que, como le sucede a Tatischeff, hay muchos momentos en los que todo parece perdido, pero si algo nos ha enseñado la animación es que la esperanza es lo último que se pierde.

Mi reflexión final al respecto quedaría en que, es evidente que cualquier tiempo pasado fue mejor para las producciones en 2D, aún así no hay que perder la ilusión. En los estudios independientes siempre habrá cabida para técnicas alternativas a lo que usan los grandes estudios, por otra parte tenemos a nuestro gran aliado: internet, una fuente inagotable de conexiones que hacen posible hacer visible tu trabajo en todo el planeta. En todo el mundo se hacen animaciones de una variedad asombrosa, y tener acceso a trabajar a distancia hace que podamos mirar, aprender y re-inventar cosas aún más asombrosas.

El 2D no está muerto, tenemos medios, ilusión y energía para rato.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *