EL SECRETO DEL LIBRO DE KELLS, O CÓMO REINVENTAR LA ANIMACIÓN TRADICIONAL.

La noche del 7 de Marzo de 2010 fue una muy especial para dos directores irlandeses de cine de animación: Tomm Moore y Nora Twomey. Esa noche era la gala de los Oscar y, junto a pesos pesados de la industria y obras maestras como «Coraline» de Laika, «Up» de Pixar, o «Fantástico Sr. Fox» de Wes Anderson, se abría paso entre las nominadas el primer largometraje animado de estos dos artistas. La primera película de animación irlandesa nominada a los premios de cine más famosos del mundo. Un arduo trabajo de casi una década recogía sus frutos, y esa noche la alfombra roja dio a conocer la ópera prima del prestigioso estudio Cartoon Saloon.

Esa noche la pequeña Aisling y el gato Pangur Ban le demostraron al mundo que el cine de animación tradicional de Europa no solo no había muerto, sino que podía reinventarse y encontrar una nueva identidad estética y conceptual. Esa noche la mitología irlandesa y celta volvió a brillar, y el arte del cine de animación logró una vez más convertir las tinieblas en luz. La prensa internacional conoció al fin «El Secreto Del Libro De Kells«.

Como cabía esperar, la primera película de Cartoon Saloon no ganó el Oscar, ya que la Academia de Hollywood (además de menospreciar abiertamente la animación como un «cine secundario» o «infantil») premia las cintas en función de si son de Disney o… de Disney. Sin embargo eso no impidió que desde entonces Cartoon Saloon se haya convertido en uno de los estudios de animación más respetados del Viejo Continente, y desde entonces han conseguido que todos sus largometrajes (y este año uno de sus cortos) hayan recibido la nominación, consiguiendo que Tomm Moore con «La Canción Del Mar« y Nora Twomey con «The Breadwinner« sean dos películas aclamadas por la crítica y proyecciones obligatorias en muchos festivales de cine de todo el mundo.

¿Y cómo lo lograron? ¿Qué hizo tan especial a Cartoon Saloon y a «El Secreto Del Libro De Kells» para recibir tanta atención en los círculos del séptimo arte y la prensa? Muy sencillo: EL EQUILIBRIO. Son numerosas las películas animadas que se estrenan cada año, y en la inmensa mayoría cuesta encontrar una sola idea que sea verdaderamente original o novedosa, algo destacado que nos permita recordar con especial cariño o admiración una historia concreta. Del Studio Ghibli se ha llegado a decir que es un caso muy excepcional en el cual encuentras decenas de esas ideas nuevas con cada película que hacen. Pero no es lo habitual, pues es inevitable que en el mundo del cine casi todo nos recuerde ya a algo.

«El Secreto Del Libro De Kells«, por supuesto, tiene sus influencias, desde los personajes curvilíneos deSamurai Jack” de Cartoon Network, hasta los icónicos ojos del zapatero protagonista de «The Thief And The Cobbler« de Richard Williams (con la que Aisling guarda un innegable parecido). Pero ninguna de ellas nos distrae ni nos impide ver que «Kells» es una película nueva con una forma nueva de entender la animación.

La película en ningún momento pretende «imitar» ni «copiar» dichas influencias sino crear su propio universo. Es muy fácil caer en el error de subordinarse a las propias influencias en vez de que sean estas las que se pongan al servicio de la película. Es la razón por la que incluso un cineasta hoy tan consagrado como Makoto Shinkai recibiera una respuesta tan tibia cuando estrenó «Viaje A Agartha«: no era su película, era un intento de imitar a Ghibli, pero sin alma ni personalidad propia. La misma razón por la que «Mary y La Flor De La Bruja« de Hiromasa Yonebayashi es estéticamente idéntica a Ghibli pero no ha sido ni la mitad de bien recibida que sus mentores.

Tomm Moore y Nora Twomey son abiertamente fans de Ghibli, pero a diferencia de Shinkai y Yonebayashi entendieron bien que la mejor forma de ser influenciados por el buen hacer de Miyazaki no era crear una historia parecida ni copiar su estética, sino «copiar» su filosofía de trabajo: sé tú mismo. No hagas otra película más de anime, haz tu propio estilo, algo diferente. No imites a Don Bluth, o a Murakami, o a Satoshi Kon, o a Sylvain Chomet, por mucho que te gusten, pues ellos también brillaron precisamente por crear sus propios estilos, sus formas únicas de hacer cine, no por imitar a nadie.

Si quieres hacer algo original, piensa en lo que alguna vez te habría gustado que alguien hubiese creado, y si aún no existe, hazlo. Crearon algo realmente nuevo, algo que no se había visto hasta entonces. Pero «El Secreto Del Libro De Kells» no se sostiene únicamente por su inventiva, sino también por mantener ésta en equilibrio con otro factor que en su caso particular ha sido clave para que lograran llamar la atención del público: el respeto a su tradición.

¿Qué significa esto? En este caso «tradición» significa que no tienen miedo en sacar a relucir una fuente tan rica y variada como lo es el folklore irlandés y los cuentos de hadas. Suena a cliché, pero no lo es: en un mundo tan globalizado cada vez son menos las personas que recurren a las historias y mitologías tradicionales locales, la mayor parte de las producciones animadas actuales son pastiches de cosas ya creadas con mucho mejor resultado por Disney, o ficciones excesivamente «americanizadas», sin personalidad ni idiosincrasia propia del país donde fueron creados.

En un panorama así, en el que los niños y adultos ya no ríen ni lloran con sus propios cuentos de hadas sino con las cínicas parodias humorísticas de dichos cuentos («Shrek» por ejemplo), los legados culturales de los pueblos perecen y caen en el olvido y el desinterés. No como consecuencia del respetable cine americano (en el cual hay buenas y malas películas), sino más bien de la ausencia de cualquier otra alternativa narrativa. En favor del monopolio cultural impuesto y en detrimento de la riqueza cultural que hay en este mundo heterogéneo. Las historias y la tradición oral de los pueblos pueden llegar a desaparecer, al igual que sus lenguas.

Y es justamente en este sentido de «tradición» donde encontramos uno de los motivos por los que «El Secreto Del Libro De Kells» no solamente se merecía aquel Oscar que nunca ganó, sino que destaca como una de las películas animadas europeas más originales que se han realizado en lo que llevamos de siglo. Se atrevió a narrar una historia totalmente nueva para la mayoría del público internacional, pero esencial para entender una parte clave de la historia de Irlanda como nación y del cristianismo en la Edad Media: precisamente, el libro de Kells.

El auténtico libro de la Abadía de Kells (o Gran Evangeliario de San Columba), actualmente expuesto en la biblioteca del Trinity College de Dublín, no es un libro cualquiera, sino uno de los mayores y más suntuosos vestigios del arte religioso medieval de Europa. Este manuscrito iluminado (un códice en el que el texto es complementado con decoración en oro y plata), es la mayor obra del cristianismo celta que ha llegado hasta nuestros días. Una pieza de arte creada en un período histórico difícil y oscuro en el que los pueblos guerreros del norte hicieron peligrar la existencia de este libro, que sin embargo ha logrado ser conservado. Su belleza no radica en su fondo (son los famosos cuatro evangelios de la Biblia) sino en su forma, su acabado, sus ilustraciones de gran belleza y de extraordinaria complejidad, con pigmentos de colores importados de todos los rincones de Europa e incluso de regiones tan remotas como Afganistán. Es, en definitiva, una obra maestra de la creación humana. Una de tantas que merece ser conocida.

Películas así merecen ser creadas. Historias así merecen ser escuchadas. Pero Cartoon Saloon va más allá y no solamente cuenta con gran destreza la historia de su propio patrimonio cultural, sino que lo engrandece y lo dignifica a través de sus propias herramientas artísticas: «El Secreto Del Libro De Kells» es una película animada que se parece al manuscrito medieval que homenajea. No es que sea una película que haya llegado más lejos de lo que el cine pueda ser capaz, o un producto cultural que rompa moldes emulando otra disciplina artística: es que en eso consiste el cine de animación. En convertir en posible lo imposible.

Recientemente  leí una crítica en Internet que afirmaba lo siguiente: «debemos tener claro que nos encontramos más ante un producto artístico que ante una película de animación propiamente dicha«, y luego usa términos del tipo «pieza de museo» para describir este film. Dejando al margen lo frustrante que resulta esa marcada diferenciación entre «arte» y «cine» (como si no fueran lo mismo), no puedo estar más en desacuerdo con esa crítica, y me gustaría hacer un inciso sobre un detalle que no he mencionado. Esta película no es solo «un film de estética bonita» como tantísima gente parece pensar, sino que tiene una trama con una finalidad bastante clara. Representa el enfrentamiento entre dos formas de pensar y concebir el mundo: la hierática, rigurosa y funcional (representada por el Abad Cellach y su obsesión por las murallas que protegen del peligro exterior, menospreciando la labor de los ilustradores) y la artística y contemplativa (representada por Brendan y Aidan, que comprenden que los muros no lo son todo sino que el conocimiento debe ser difundido y preservado, porque es lo único de los humanos que perdura en el tiempo).

Estas dos dualidades están presentes hoy día en el clásico desprecio de mucha gente por las artes y humanidades como disciplinas secundarias, la tendencia a menospreciarlas por no ser «funcional» como una construcción, heredar un negocio familiar o continuar como pastor de ovejas como tu padre. Le pasó al pintor Vincent Van Gogh, le pasó al poeta Miguel Hernández, le pasó al novelista Edgar Allan Poe, le pasó a la cantante Janis Joplin, y le pasa actualmente a muchísimas personas que quieren dedicarse a algo imaginativo. En la propia película Aidan le dice a Brendan que el libro de Kells no está hecho para estar oculto entre murallas, aislado del mundo que le sirvió de inspiración, sino que debe servir de iluminación a la gente en su camino. Podemos decir lo mismo de esta película: es una obra de arte hecha para ser vista y difundida, no es una pieza de museo «exótica» y elitista que deba esconderse. El cine es arte y entretenimiento a la vez. No es que haya un cine de animación «de entretenimiento» para el gran público separado de un cine «arte»: es que el cine «de entretenimiento» tendría que ser un poco más como esta película.

El cine de animación es de por sí UN ARTE. Un arte elevado y respetable, que no debe vivir acomplejado ni a la sombra de la pintura, la escultura, el cómic o el cine de imagen real. Es ya de por sí su propia disciplina y su propia forma de plasmar el mundo y las ideas. Por eso cabe hacernos la siguiente pregunta: ¿acaso la película «El Secreto Del Libro De Kells» no es, ya de por sí, una pieza artística sobresaliente, al margen incluso del libro medieval en el que está basado? ¿No son acaso películas como esta, al igual que las mejores novelas, fotografías y videojuegos actuales, los «libros de Kells» o las «Mil Y Una Noches» de nuestra época por los que seremos recordados a nivel cultural y artístico en los siglos futuros?

Si el cine logra trascender el pesado estigma de «producto de consumo rápido» y se convierte en la nueva «tradición oral» del siglo XXI y en los cuentos de hadas que nunca mueren ni se olvidan, será gracias a películas como esta y cineastas como Tomm Moore y Nora Twomey de Cartoon Saloon. «El Secreto Del libro De Kells» es la primera página de una larga historia que aún queda por escribir, la de un estudio irlandés que desde hace 10 años nos ha hecho recordar por qué la animación es tan importante y por qué, lejos de estar de capa caída o a punto de perecer por el aparentemente desenfrenado avance tecnológico, en realidad aún tiene mucho que contar, y nosotros la necesidad de tenerla en nuestras vidas.

«He vivido muchas épocas, a través de los ojos del salmón, del ciervo, y del lobo. He visto a los hombres del norte invadir Irlanda y destruirlo todo en busca de oro. He visto el sufrimiento en la oscuridad… Pero también he visto florecer la belleza en los lugares más delicados. He visto el libro… el libro que transformó las tinieblas en luz» (Aisling).


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