NARCOBOT: RECICLARSE O DORMIR

Esta es la historia de un circo que alegraba siempre el corazón. Y no, no nos referimos al de Miliki, sino al Belfast Community Circus School. Un circo comunitario donde un puñado de artistas tratan de sobrevivir de aquello que más les apasiona: las artes escénicas. A pesar de las dificultades, tanto a nivel económico como institucional, estos artistas luchan por su profesión y crean vínculos humanos evocando emociones e ideas con herramientas tan modestas como un títere o un diábolo. A partir de esta experiencia personal real, Ana Genís decidió posteriormente convertir esta mágica vivencia en su inspiración para un cortometraje de animación 2D que denunciaría la frialdad con la que muchas veces la sociedad contemporánea parece tirar al baúl del olvido el arte tradicional y los trabajos artesanales, incluyendo los que requieren de tal maestría que son irreemplazables incluso por máquinas.

«Narcobot: Reciclarse O Dormir» fue el fruto de tres años de incesante trabajo por parte tanto de Ana (la directora del proyecto) como de otras seis grandes artistas. Desde el principio el objetivo estaba claro: crear un corto en 2D apto para todos los públicos, con un estilo propio de personajes y escenarios diseñados con herramientas digitales pero sin perder el acabado de ilustración infantil tradicional, para así transmitir el mensaje al público tanto en forma como en contenido.

Además de sus experiencias en el circo norirlandés, Ana también se inspiró en una anécdota sobre el descubrimiento de una bici estropeada y aparentemente imposible de reparar debido a su deterioro. No deja de ser curioso el paralelismo entre esta anécdota y otra muy similar que vivió Hayao Miyazaki cuando encontró una bici en el fondo de un río repleta de lodo. Mientras que, en el caso de Miyazaki, esto dio pie a un alegato ecologista en una famosa escena de «El Viaje De Chihiro«, la bici rota de «Narcobot» provocó un primer esbozo del guion. La bici se convierte, junto a la profesión del protagonista, en una metáfora de la obsolescencia social y tecnológica en un mundo electrónico e informatizado. Un mundo en el que, al avanzar, a veces se pierden algunas cosas increibles.

«Narcobot» narra la historia de un cuentacuentos llamado Martí, un hombre mayor al que le apasiona trabajar de titiritero y divertir a los niños de cada pueblo con historias fantásticas. Sin embargo, sus días de gloria terminaron hace mucho, y parece que ya a nadie le interesa su teatro ambulante de marionetas, se ve como algo anticuado. El colmo de los males le llega un día en que su querida bicicleta se rompe. Martí atraviesa el desierto y encuentra en un taller destartalado al único mecánico capaz de reparar su bici: un robot narcolépsico llamado Silvestre.

El mundo que aparece en «Narcobot» se aleja del idealismo positivista de algunas obras de ciencia-ficción (como las de Julio Verne) y presenta una visión distópica y desoladora sobre la tecnología. Las ciudades son aglomeraciones de favelas de chapa combinadas con pantallas electrónicas donde se anuncian los últimos avances tecnológicos. Y el desierto no hace sino enfatizar aún más la soledad que siente Martí en un mundo que ni le comprende ni le acepta tal y como es: un artista tradicional. O en este caso, un paria social.

No fueron pocos los referentes que sirvieron para este corto. El referente conceptual que mejor desarrolla la teoría de la obsolescencia programada es el documental «Light Bulb Conspiracy» (Cosima Dannoritzer, 2011), que a su vez fue el origen del diseño de Silvestre en forma de bombilla defectuosa. Sin embargo el tono de la película es ligero y contiene comedia slapstick que crea un ambiente algo más desenfadado, para lo cual la principal influencia cinematográfica fue tanto la película francesa «Jour De Fête» (1948) como su director y protagonista, el famoso Jacques Tati. En cuanto a la estética colorista de los personajes y los fondos, la referencia inmediata fue el film brasileño animado nominado al Oscar «O Menino E O Mundo» (Alê Abreu, 2013). Tanto en «Narcobot» como en «O Menino«, sus protagonistas desprenden inocencia y humanidad en contraposición con el entorno frío y alineado en el que viven.

Es necesario mencionar en este punto a una persona que ayudó considerablemente a dar vida al personaje de Martí, más incluso que Jacques Tati y los films anteriormente mencionados: Josep Miquel Beltrán. Josep fundó en 1989 Lluerna Teatre, un ya desaparecido teatro de títeres del barrio valenciano de Benimaclet. Tras la propuesta de participar en el corto, Josep aceptó y creó el acting completo de Martí, que fue indispensable para su animación y para dotar de carácter y personalidad al personaje. En tan solo cuatro horas, Josep realizó un trabajo excelente, acompañado de una bicicleta vieja y tres títeres, pues estudió a conciencia el dossier de «Narcobot» y las referencias de actuación de Tati y de Marcel Marceau.

Otras colaboraciones importantes para la producción del corto incluyeron, en el apartado musical, al grupo musical Pelandruska, que con su sonido folk instrumental y sus dejes psicodélicos, klezmer y balcánicos, lograron una identidad sonora muy sólida para las desventuras de Martí y sus marionetas. En cuanto al doblaje, y pese a que es un corto casi mudo y casi sin diálogos, el equipo de «Narcobot» contactó con el célebre actor de doblaje Edu Borja (pionero del doblaje valenciano en Canal 9), quien casualmente también actuaba con un espectáculo de títeres en el momento en que accedió a grabar las frases de Martí. Queda claro que más de una persona involucrada en «Narcobot» consiguió identificarse con el protagonista y cogerle cariño.

Al igual que otros grandes cortos de animación de la misma época, como «Micosis«, «Echoes«, «Cazando Gamusinos«, o «Princesa Por Apocalipsis«, «Narcobot» ha contado con una amplia distribución por numerosos festivales de cine, tanto de animación como de imagen real, y ha ganado premios en algunos de ellos. Si bien hubo dificultades en algunas fases de la producción, y llevó bastante tiempo poder encauzar el proyecto hacia la visión más correcta y consistente (fue el primer proyecto audiovisual serio para muchas de las miembros del equipo), el esfuerzo se vio recompensado con creces.

Finalmente, realizar «Narcobot» fue toda una experiencia para toda la gente involucrada en el proyecto. Una experiencia gratificante, pero en absoluto sencilla. La mayoría aprendieron sobre la marcha muchos programas informáticos de animación y diseño gráfico, y algunos, más familiarizados con las técnicas artesanales al igual que Martí, usaron una tableta gráfica por primera vez para animar este corto. Se aprendió mucho en poco tiempo, y de forma cooperativa. Más tarde toda esa experiencia sirvió a algunas de sus miembros para fundar este estudio, Calaveres Animació. En cualquier caso, fue una primera toma de contacto en la industria y todo el esfuerzo dio sus frutos y valió la pena.

«Narcobot«, inevitablemente, tiene un argumento y una temática que encuentra paralelismos evidentes con la situación actual de la industria animada y muchas otras artes. Conforme los avances de la informática han ido avanzando a pasos agigantados y amoldándose no solo en la vida cotidiana de las personas, sino también en los sectores profesionales, muchas antiguas disciplinas artesanales han ido cayendo en el olvido e incluso el rechazo. «Narcobot» es un corto animado que pretende hacer justicia a esas artes que no deberían desaparecer, porque embellecen el mundo y lo convierten en un lugar mejor y más agradable donde vivir.

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